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Por Jorge Pablo Correa
La robótica llegó para quedarse. Desde hace varias décadas, la ciencia, con su metodología, ha brindado al hombre los elementos necesarios para construir una carrera exitosa en el desarrollo de la tecnología y los conocimientos necesarios para hacer que un montón de plástico y metal articulado tome decisiones y realice tareas que el hombre no quiere o no puede hacer. De esta forma, los beneficios de la robótica se ven reflejados en la empresa.
La utilidad más asequible que la robótica entrega a los negocios es la realización de actividades que los hombres no podrían hacer por la dificultad que conllevan (como el hecho de que un robot puede ensamblar más piezas de un producto que un humano) o la peligrosidad que representan (como la fabricación de materiales químicos en donde un pequeño error en el manejo de sustancias podría llevar a accidentes fatales).
Japón es el país que va a la vanguardia en esta rama de la tecnología, pero México no se queda atrás. A mediados de julio, el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados presentó al investigador mexicano Eduardo Bayro y al prototipo de robot humanoide “Mex-One”, cuya máxima innovación está en su “inteligencia artificial” que le permite aprender por experiencia a realizar tareas simples como caminar.
Si se uniera la capacidad de aprendizaje de este modelo en los negocios, se daría un paso más para la creación de robots capaces de tomar decisiones difíciles, basadas en experiencias preestablecidas. En este punto, la bondad de la robótica en los negocios es clara: mayor control en los procesos operativos y reducción de costos. Sin embargo, la “bondad” de la robótica en los recursos humanos es cuestionable.
Si un robot puede hacer en ocho horas lo que hacen cinco o diez hombres, ¿para qué mantenerlos en la fábrica? El robot, aunque tenga el software más adelantado jamás podrá tener la capacidad para tomar decisiones que tiene el ser humano. Si un robot se quedara solo, sin hombres que lo supervisaran, ocurriría algo parecido a lo que le pasa en "El Aprendiz de Brujo" de la película "Fantasia", donde las escobas, autómatas al fin, crean un caos a pesar de realizar la tarea para la que fueron diseñadas.
Es claro el panorama, las empresas no podrán vivir demasiado tiempo sin contar con robots en sus procesos. La aparición de los robots en escena no se detendrá por los miedos de la gente, que no tendrá más camino que tomar al toro por los cuernos y capacitarse en robótica: aprender cómo programarlos, cómo diseñarlos y cómo repararlos, porque en un futuro no muy lejano, las nuevas carreras se centrarán en la supervisión y mantenimiento de robots.
Hace un par de años, México vio nacer a Microbotix, la empresa líder en la enseñanza de robótica a niños. El futuro ya está aquí, ahora no basta con saber inglés, mandarín y un poco de árabe ni saber cómo desarrollar sitios web o navegar en las redes sociales; el destino del hombre y la máquina se unen cada vez más, y en lontananza se vislumbra un paisaje donde el más fuerte será aquél que domine el lenguaje de los robots.
*Jorge Pablo Correa González es Productor Ejecutivo del programa Ciencia y Negocios ,660 AM, Radio Ciudadana, martes de 15:00 a 15:30. Más información en ciencia-negocios.blogspot.com
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