Emprendedor por excelencia
Francis Ford Coppola: visionario, artista y emprendedor.

Los alcances de la visión de Coppola van más allá del cine: vinos, restaurantes, hoteles y una revista literaria son evidencia de que el cinco veces ganador del Óscar no tiene miedo de reinventarse.

Director de cine y bodeguero; editor, hotelero y restaurateur, sin duda es tan artista como entrepreneur. Ganó cinco Oscars, y a los 68 años está en pleno proceso de reinvención de su carrera cinematográfica. Tiene dos bodegas, tres “resorts” en el Caribe, una revista literaria. Un “combo” que pone en evidencia a un apasionado que persigue sus sueños, sin importar el costo ni los riesgos.

Así, lo que había imaginado un refugio para el fin de semana familiar en California, terminó convirtiéndose en el ambicioso proyecto de recuperar una bodega emblemática del valle de Napa. Y la fascinación misteriosa que ejerció la selva filipina en la que filmó Apocalipsis Now lo tentó cuando encontró, en Belice, el entorno perfecto para diseñar un resort con espíritu propio. Más allá de los altos y bajos en su vida y en su carrera, cada marca en el Winchester de Coppola tiene su sentido.

 

Su tipo de hombre

Mucho se ha hablado de la saga de los Corleone y de la memorable escena de los helicópteros avanzando al son de cabalgata de las Valkirias. Mucho menos, de Tucker: un hombre y su sueño, una película de 1988 con alma, corazón y vida entrepreneur. Preston Tucker, una leyenda en la industria automotriz estadounidense, era un idealista que amaba los autos y a mediados de los ’40 había diseñado un modelo vanguardia, el Tucker Torpedo.

Sin embargo, sólo produjo 51 vehículos antes de que su empresa se derrumbara. Coppola eligió celebrar la energía y el espíritu emprendedor del personaje, no el fracaso. Lo demostró en esa escena en la que Tucker, mientras mira a su medio centenar de autos en caravana por las calles de la ciudad, sabiendo que no fabricará ninguno más, le dice, lleno de entusiasmo, al descorazonado amigo que está a su lado: “No son los autos… Es la idea. Siempre lo fue. La idea es lo único que cuenta”.


Tucker construía su sueño. Por eso, Coppola lo entiende. Porque es la clase de persona en la que cree. “El talento y la creatividad son el petróleo del futuro”, afirmó el director en una entrevista para BusinessWeek.

Doble epifanía

“Todos mis proyectos le presentan a la gente una idea, un show, una historia para que la disfruten. En todos combino múltiples elementos en pos de un resultado final; hasta en el vino… Y lo disfruto.”
Se nota que es él quien teje la trama que une sus negocios. Basta repasar el caso de la bodega Niebaum-Coppola. Con su carrera como director en el apogeo y ya instalado en San Francisco, buscaba un refugio de fin de semana para él y su familia. Se enamoró de unos viñedos sin pensar que con la casa y las vides adquiría un legado poco común en California.

Fue su vecino Robert Moldavi, un “big name” en el valle de Napa, quien se lo mostró. Los Coppola habían invitado a comer a Moldavi y su mujer. Recorrieron la cava para elegir un vino. Había botellas de más de 85 años. Dijo Moldavi en un documental reciente: “Abrimos una botella y un aroma exquisito inundó el lugar. Acababa de quedar demostrado que los vinos de California, añejos, pueden ser excelentes”. Nunca había probado vinos del valle guardados durante tantos años. Es que Gustav Niebaum, el propietario original de las tierras, las había comprado en 1879 con el único objeto de producir vinos que compitieran con los franceses. A tal punto que había viajado a Francia no sólo a aprender sus técnicas, sino a comprar sus vides.


Una epifanía parecida tuvo con el Blancaneaux Lodge, un hotel boutique bien escondido que iba a ser su rincón creativo y, después de algunos años, terminó abierto al público, como punta de lanza del trío que incluye Turtle Inn, también en Belice, pero sobre la playa, y La Lancha, ubicado en Guatemala. Y como le ocurrió mientras filmaba Apocalipsis Now —que no le ahorró problemas ni pérdidas—, su emprendimiento en América central no le escatimó disgustos que, como buen emprendedor, convirtió en oportunidades. “Pedí un informe de daños. ‘No hay daños’, me dijeron. Desapareció. Lisa y llanamente, desapareció.”

Así contaba cómo se enteró del impacto de un tornado sobre uno de sus hoteles. “No me importó. Me permitía reconstruirlo alrededor de un tema y así lograr que mis huéspedes pudieran distinguir en qué lugar del mundo se encontraban, a diferencia de esos resorts indiferenciados en los que uno no sabe si está en Marruecos o en Minnesota.” Veremos ahora qué tiene pensado para su último proyecto en el rubro: un hotel en Buenos Aires.

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